No tengo ninguna foto con vos. Tuve una que alguien me saco de improviso, pero la perdí hace tiempo en algún robo.
No escribías mucho, pero de a poco, un mundo fantástico se rompía como un huevo dentro tuyo. Tampoco leías, pero te maravillaste con cada segundo de ciertos libros.
No sé mucho más, no sé si alguna vez desenterraste del patio de tu casa las cosas que te hacían acordar a mi, las cosas que te dolían tanto en ese momento.
Eras la persona más sigilosa que conocí... o yo estaba muy poco atenta la mayoría de las veces.
No sé si conseguiste lo que querías, no sé si sabías lo que querías.
No sé qué pasó con todos esos personajes imaginarios que habías creado y de los cuáles estabas tan orgulloso.
No sé mucho más de vos hoy en día, pero todavía me pregunto si alguna vez pensabas en mi, en lo chicos que eramos aunque no, en lo bien que la pasamos, en lo mal que la pasamos.
Lamento tanto no saber nada de vos. Es casi un horror lo que duele. Quisiera haberte dicho alguna vez todo lo que me importaste, sobre todo porque no estoy segura que lo hayas sabido, porque no nos fuimos en la mejor manera uno del otro, porque eramos orgullosos y jóvenes y nos llevabamos el mundo por delante y teníamos la vida por delante. No eramos para nada adultos, eramos inmaduros, tercos, hermosos, y por eso lamento tanto no saber nada de vos.
Por las dudas, me importás mucho, te amé mucho, te quiero mucho. Y duele no saber nada de vos. Nos duele a todos.
No sé cómo despedirme, porque ya no puedo.
0 warawara:
Publicar un comentario en la entrada