Terminar un té es una debacle.
Terminar una carrera es una cañita voladora apagada dentro del alma.
Terminar con alguien es también una cañita, pero apagada por lágrimas.
Terminar a las 4 de la mañana borracha en tu propia cama es suerte.
Terminar bailando bajo la lluvia es suerte pero climática.
Terminar de esperar un colectivo es darnos la posibilidad de tener la suerte luego de poder reflexionar sobre ello.
Terminar es pura pasión. Que luego de terminar venga algo más es puro carisma femenino, que no sea más que un pucho es talento.
Terminar de comer es querer salir a correr metafísicamente o de empezar la dieta el lunes, también metafísicamente.
Terminar algo no necesariamente significa empezar algo, ahí es donde se nos complica ser humanos. No sobreviviremos a la nada, por más compleja que sea. Hasta que no entendamos eso, no vamos a evolucionar. Por eso no lo entiendo, porque la carencia de empezar nos abruma, pero nos deleita, nos sublima, nos hace ser esos seres nocturnos -ya no es noctámbulos- que nos agarramos de cualquier verbo para poder expresarnos, de cualquier palabra para poder evadirla. Lo claro, conciso, faltante de elipsis también sublima, pero para el otro lado.
Ajá, sí, exactamente lo que dijiste, la sutilidad al palo (en serio te contestaré en otro momento, ahora paré a tomar aire).
ResponderSuprimirBoluda! me estás jodiendo??? Revolver??? (lo acabo de ver), el otro día fue un día Revolver, hasta Jor dibujó algo al respecto de lo Revolver que había sido el día...
ResponderSuprimirFreaky...